Desde el verano hasta el otoño, se llevaron a cabo programas piloto —denominados «fases de prueba»— en todos los países participantes en el proyecto Open Door. En la República Checa, dimos al programa una identidad propia bajo el nombre de «Escuela de Verano de Desarrollo Personal».
El programa reunió a jóvenes que afrontaban dificultades de salud mental, como depresión, ansiedad y ataques de pánico. Entre los participantes también había personas que habían sufrido o estaban atravesando un episodio de agotamiento emocional. A pesar de estas dificultades, el grupo compartía un mismo deseo: crecer, conectar con otras personas y encontrar un espacio seguro y acogedor.
Pero empecemos por el principio.
Construir confianza en la naturaleza
Los meses de verano se dedicaron a conocerse, generar confianza y experimentar la naturaleza no solo como un entorno, sino también como una compañera de camino. El grupo era abierto y diverso, y reunía a jóvenes de distintos lugares de la República Checa.
Nuestra base se encontraba en el precioso entorno natural de las montañas Beskidy, en una yurta situada al pie de las colinas de Veřovice. Desde el principio, el objetivo estuvo claro: explorar el interior de cada persona mientras se descubría el poder sanador y orientador de la naturaleza.
Los participantes realizaron una amplia variedad de actividades al aire libre, como paseos conscientes, escalada, remo y una excursión de un día al pico más alto de la zona, Velký Javorník.
Estas experiencias se combinaron cuidadosamente con actividades terapéuticas, como círculos para compartir, ejercicios de reflexión como el «Árbol de la Fortaleza», el uso de tarjetas terapéuticas y muchas otras propuestas.
Como un hilo dorado que conectaba todos los encuentros, estuvieron siempre presentes momentos sencillos y hermosos: sentarse juntos a tomar café y comer un trozo de tarta, rodeados de unas vistas espectaculares. Estos momentos se convirtieron en espacios para conversar abiertamente, conectar y fortalecer las relaciones.
Todas las actividades utilizaron también metáforas para ayudar a los participantes a trasladar lo vivido en la naturaleza a su vida cotidiana.
Preparación para la expedición
Con la llegada del otoño, los participantes comenzaron a prepararse para el momento central del programa: una expedición de varios días por las montañas Rychleby.
No se trataba de una excursión cualquiera, sino de una auténtica experiencia de senderismo con mochila. Los participantes llevaron consigo todo lo necesario, incluidas tiendas de campaña, sacos de dormir y alimentos.
Mediante talleres prácticos, aprendieron a preparar sus mochilas de manera eficiente, qué equipamiento llevar y cómo desplazarse responsablemente por la naturaleza siguiendo los principios de «No Dejar Rastro». Paso a paso, desarrollaron no solo habilidades prácticas, sino también una mayor confianza en sí mismos.
Una experiencia profunda y transformadora
La propia expedición se convirtió en una experiencia inolvidable.
Mientras que los encuentros de verano permitieron a los participantes ir «desprendiéndose de capas» poco a poco, la expedición les permitió profundizar mucho más. Las experiencias fueron intensas, auténticas y poderosas.
Caminando por paisajes impresionantes, participando en actividades como el «Río de la Vida», pasando tiempo a solas durante la actividad «Solo» y compartiendo sus experiencias con el grupo, los participantes tuvieron una oportunidad poco habitual: encontrarse verdaderamente consigo mismos.
Integración y cierre
Para facilitar la asimilación de todo lo vivido y ayudar a trasladar los aprendizajes a la vida cotidiana, se celebró un encuentro final de seguimiento.
Este último encuentro ofreció un espacio para reflexionar sobre las luces y las sombras, así como sobre las preguntas y respuestas que surgieron a lo largo del proceso. El programa concluyó con un fuego ceremonial y una noche compartida, creando un cierre significativo y simbólico.
Durante todo el programa, los participantes llevaron diarios personales. Estos se convirtieron en compañeros de viaje que les permitieron reflexionar, observar su evolución y volver con el tiempo a sus pensamientos y experiencias.
Agradecimientos y testimonios de los participantes
Sentimos un profundo agradecimiento hacia cada participante y por todas las experiencias compartidas. Esperamos volver a encontrarnos en futuras aventuras en la naturaleza.
Estas son algunas de las palabras de los propios participantes:
«Fue maravilloso. La comparación metafórica me entusiasmó y me ayudó a comprender muchas cosas de una manera más sencilla».
«Sobre todo, me enamoré profundamente de la naturaleza, encontré muchos paralelismos, conecté con mi verdadero yo y, lo más importante, logré sintonizar con la energía vital y comenzar a confiar en ella».
«Me llevo la certeza de que solo yo decido sobre mi vida, de que yo también importo, de que tengo valor y de que puedo permitirme decir que no, descansar y tomarme un respiro».
«Fue inolvidable y constituyó una experiencia muy importante en mi vida; me atrevería a decir que incluso cambió mi vida».

